Un granjero le dio una jarra llena de leche a su vecino para que la guardara por un tiempo. Cuando fue a pedir que le devolvieran su cántaro, el vecino le dijo que la leche se la bebían las moscas.
Ambos tuvieron una pelea sobre este asunto. Cuando el asunto se agravó, ambos acudieron a los tribunales y allí el juez dictaminó que el vecino tendría que pagar la indemnización por la leche.
“¡Pero yo no bebí la leche, la bebieron las moscas!” – dijo el vecino.
“Deberías haber matado las moscas” – dijo el juez.
“Está bien” – dijo el vecino – “¿Me permites matar moscas?”
“Te doy permiso” – dijo el juez – “para que los mates dondequiera que los veas”.
Al mismo tiempo llegó volando una mosca y se posó en la mejilla del juez. Cuando el vecino vio esto, en un abrir y cerrar de ojos le dio una fuerte bofetada al juez. La mosca murió y cayó y el juez quedó atónito.
Antes de que el juez pudiera decir algo, el vecino gritó: “¡Lo reconocí! ¡Esta mosca se había bebido toda la leche!
Hace apenas unos momentos el juez había dado permiso al vecino para matar una mosca por lo que ahora no podía hacer nada.
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